Pequeña tirana

Yo lo quiero todo, para mí nada es suficiente. Ya me lo decían mis padres de pequeña «hija, tu eres culo veo, culo quiero ¿es que no puedes estar contenta con nada?» Y tenían razón, si los demás hacían algo, yo también. Una vez convencí a mi padre para que me llevara a montar en pony porque unas amigas iban a ir. El sitio estaba a una hora de casa, era verano y hacían 40 grados a la sombra. Tendría como 9 años y ya apuntaba maneras de dictadora.

Me iba haciendo mayor y mi autoritarismo y decisiones cuestionables aumentaban. Cuando vivía en USA trabajé en un restaurante indio porque quería ir a Buenos Aires y necesitaba money. Pues bien, hice a mis padres llevarme todos los días al restaurante y gastaban más en gasolina que lo que me pagaban de camarera. Algunos días me decían; «hoy no te llevamos y te damos el dinero nosotros?». Angelitos. Muchos chicken tikka masala después, ahorré lo que necesitaba y les liberé.

Pero lo más heavy fue cuando al terminar un máster (financiado por ellos, obvio) en el Instituto de Empresa (nunca nada medio normal, siempre ahí, bien arriba) decidí irme a vivir a Australia. Me acuerdo que me decían, «Pero Paloma, ¿esto es necesario?» Y yo respondía; «sí mamá, he visto un billete de ida a Melbourne por 700$ y no puedo desaprovechar esta oportunidad de mandar mi vida profesional a la mierda»


Y me fui. Y aguantaron el tirón. Y vinieron a verme con buena cara y todo. Y luego les visité yo. Y me fui otra vez a seguir tomando decisiones que pusieron mi vida y la suya del revés. Y el tiempo pasa y ellos ahí siguen, siempre al rescate de la dictadora pase lo que pase.

Sin su apoyo emocional y económico, jamás hubiese podido vivir como vivo, haciendo lo que quiero. Con el tiempo he logrado ser menos tirana y mucho más agradecida, cada vez que pienso en ellos se me aprieta fuerte el corazón.

Mis padres son lo más del mundo entero y eso es lo que quería compartir hoy.

P.

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