Por mucha apología de la independencia y de la libertad que haga, algunas veces caigo en la necesidad de tener algo o alguien a quien agarrarme. Es el dramita de ser expatriada…¿hay algo más de rica y blanca que utilizar la palabra expatriada? Para vivir con intensidad y arrepentimiento, yo estoy mandada a hacer. A medida. Soy víctima de la plaga del siglo XXI, y no hablo del COVID, me refiero al reconocimiento ajeno. Y lucho contra eso joder, pero me comporto como una cretina y digo cada cosa que es para acabar con mi vida de un corchazo. Sobre todo cuando bebo o estoy muy atacada. Luego caigo en la bajona nivel tresmilquinientos. Hoy hablé de esto con mi amiga Caro. Le conté que cada vez que salgo acabo destruida, hago cualquiera cosa. ¿A alguien más le pasa o ya habéis madurado? Aclaro que salgo una vez cada dos meses, soy bastante funcional.
Al plantearme mis treinta pienso en Caro y en mí. Un día ella quedó con un chico e iba tan fumada que no podía hablar. Te amo Carolina. Por los nervios yo he actuado como una idiota absoluta. También he vomitado agarrando fuerte el Powerade. Y el lavabo. Ha habido situaciones en las que me habría dado a mí misma un bofetón y un abrazo al mismo tiempo. Poner la excusa de la pandemia es de negadora total, a mí esto me viene pasando toda la vida. Me gustaría pensar que esa persona no soy yo pero me ha costado 17 años darme cuenta que sí lo es. Ponerle solución va a llevar más tiempo. He decido no castigarme demasiado, estoy aprendiendo a ser sorora conmigo misma. Esta frase no es mía, la vi en Instagram. But it fucking works.
Este post se entiende igual de bien que una peli de Lynch, pero me ha sentado genial escribirlo. Seguramente todo esto os importe entre poco y nada. Os dejo unas conversaciones con Caro, que me dan mucha calma y mucha paz cada vez que las leo.


P.
Deja un comentario