Hola cuatro gatos 🐈⬛. He cambiado la plantilla del blog a una más user friendly, más limpia. Todo por mi escaso pero fiel público, para que leáis sin que os sangren los ojos. Y, cómo no, ha sido a golpe de tarjeta. Las plantillas feas son gratis; si quieres algo medio decente, WordPress te hace soltar la pasta. También he pagado el dominio. En fin.
Estas semanas me he visto absorbida por la búsqueda de trabajo y lo de LinkedIn es como para que un juez actúe de oficio y lo cierre. No puedo, es todo lo que no me gusta junto. Me puse a buscar curro y… ufff, ¿para qué? Bueno, para tener dinero y no lapidar mis ahorros a este ritmo trepidante. Si os preguntáis cómo va la búsqueda, mal.
En otro orden de cosas, he vuelto a montar a caballo, una actividad muy de persona sin trabajo. Se me había olvidado CUÁNTO me gusta (también he decidido olvidar que en su momento acabé en el hospital, pero bueno, detalles). Monto de verdad. El caballo hace lo que le pido… pero solo porque quiere, no porque yo tenga el control. Él pesa 600 kg, yo 50. El mejor ejemplo de “asimetría de poder”. Me fascinan. Y me sorprende que usemos la palabra “animal” como sinónimo de ser inferior. No lo son. Nosotros estamos muy por debajo.
Y para cerrar, mención especial a la serie de deforestados mentales que estoy viendo: El verano que me enamoré. Es como un accidente de coche espantoso, pero que es imposible dejar de mirar. Va de adolescentes ricos, sin horarios, sin límites y con una dudosa supervisión adulta — blancos, asiáticos y un personaje no binario, para hacerlo más inclusivo — que llevan veraneando juntos toda la vida. Y, oh sorpresa, triángulo amoroso. Entre dos hermanos y una chica. Sí, DOS HERMANOS. ¿Quién en su sano juicio compite con su propio hermano?. Además, entre los tres no hacen una persona emocionalmente sana. Un desastre. ¿La recomiendo? No. ¿Estoy enganchada? Absolutamente.
Y eso es lo que quería compartir hoy. He hecho más estas semanas, pero se haría eterno este post. Ya os contaré.
P.
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