Estos días mi vida se resume en visitas de amigos (ya lo dije, qué suerte que gastéis tiempo y dinero en venir a verme, sois lo más), hacer deporte, estar cansada y trabajar. Tomar café, quedar con amigos de aquí, volver a tomar café e intentar centrarme en buscar trabajo. Atención, no buscar trabajo, sólo «intentar centrarme» en el tema y ni siquiera lo estoy consiguiendo, qué penita. Mi nivel de procastinación y laziness es beyond belief, así pues, no tengo mucho que contar, además todo me parece demasiado autorreferencial incluso para mi. También quiero poner un límite porque estoy un poco oversharing y no me gustaría hacerme el harakiri emocional en este wordpress. En fin, me han sacado una muela y como todo en la vida, no estaba preparada, no sabía que eso iba a pasar. Ya lo dice mi amiga Carmen, «una sabe como entra al dentista, pero no como sale». Yo salí llorando una barbaridad. El dentista me genera muchas cosas, ninguna buena. Estos días siento mis problemas más lejanos, menos importantes porque ha pasado algo que rara vez ocurre, no paro de pensar y preocuparme por una persona que no soy yo. Supongo que si el amor se parece a algo, tiene que ser a eso. Y no hablo del amor que vas como drogada por la vida, hasta arriba de químicos. Me refiero al desinteresado, al de «con tal de que tú estés bien, yo me quito todas las muelas del juicio sin anestesia«. En otro orden de cosas y bajando la intensidad, una tarde de estas hice mi plan preferido (y el de mitad del planeta), ver Netflix tirada en el sofá. Qué genial cuando en la pelí escuché una canción que había olvidado y que me encanta. Trátame Suavemente, de Soda Stero. Amo fuerte. Hay canciones que se te arruinan de por vida por diferentes motivos, eso lo sabe todo el mundo, pero volver a escuchar este tema me da taticardias de las buenas. Y el nombre ES TODO.
Esto es lo que quería escribir hoy, P.
Deja un comentario