Este post era para ayer, pero estamos ante otro capítulo de «Paloma llegando tarde a todo» así que lo publico hoy. Yo quería a hablar de un tema muy emotionally challenging para mí. Bueno, para mí y para cualquier persona que no goce de mucha paz mental. O sea, para (casi) todos los nacidos a partir de 1980.
Como dice Diana Aller, «El amor. El enamoramiento es una sensación extraña y agradable, un chute de dopamina que nos puede, nos subyuga, nos mantiene suspendidos en el aire, en el tiempo. Y por un momento la vida se vuelve eterna, plena. Todo pasa a ser secundario, porque la vida tiene un feliz y esotérico sentido«. Hasta aquí fenomenal, el amor es la mejor droga, pero como cualquier droga, el bajón te deja en la indigencia emocional por meses. Todos hemos estado ahí. ¿Acaso hay peor sensación que darte cuenta que el amor se acaba? Porque hay un momento que sabes perfectamente que es el final, breve pero demoledor ese momento, el abismo. Otro tema es la negación e intentar lo que sea para no enfrentarnos al terrible, pero inevitable, final. Ochenta y siete posts puedo escribir de eso.
Yo no tengo las cosas claras en casi nada, y si alguna vez alguien pensó que sí, definitivamente, le engañé. Yo dudo siempre, pero sí que sé que cuando el amor termina, no quiero explicaciones, intentos, tiempo, ni terapias. No hay formula perfecta, pero a mí no me funcionaría, porque con eso, te acostumbras a vivir a medias y eso es todo lo que no me gusta. «Yo quiero liberarme rápido y tener el corazón roto y volver a creer en el amor y la esperanza. La intensidad y el miedo. Confiar en lo mejor después de lo peor. Sentir el dolor y soñar las pesadillas, vivir la catástrofe de la vida. Experimentar la incertidumbre y la calma a la vez. Dormir poco, levantarme tarde. Sonreír y sentir que todas las canciones hablan de mí»
P.
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