“Murió vivo” es el mejor epitafio del mundo, es de Antonio Gala. Ojalá me pase. Y estar vivo no significa hacer mil cosas, pues nada me da más pereza que la gente que no puede parar un minuto. Terror.
Hace tiempo que los viajes me la sudan bastantísimo, pero estoy de vacaciones en Portugal con mi familia, un viaje que hacemos todos los años, pase lo que pase. Una señal de que te haces mayor es que empiezas a ver a tus padres como las personas que realmente son. De pequeños los vemos como seres superiores. Pero, si tienes suerte, con el tiempo llega un día en que eso cambia. Se cae la idealización y aparece algo más incómodo pero mucho mejor: la realidad. Son personas como tú, con sus miserias y sus virtudes, haciendo lo que pueden con lo que tienen. Ternura y desilusión colliding.
Como todos los sitios, Lisboa está llena de turistas. Y era igual cuando vivía aquí. ¿Y me quejaba? No, porque básicamente yo era una guiri para ellos. Hasta les hablaba en inglés, y no lo digo con orgullo, pero en ese momento era así de estúpida. Todos, TODOS, hemos sido guiris alguna vez. No puedo con la gente que se queja del turismo. A no ser que no viajes, llámate al silencio. Y no me digáis que “no, pero es que yo viajo de forma consciente”. Chicos, yo no hablo hippie, a mí esas historias no me las contéis. Hay gente que quiere recomendaciones de sitios NO turísticos. ¿Para qué? ¿Para ser tú el primero? I can no more con esto, de verdad.
Esto es todo lo que quería compartir hoy. Muak!
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